martes, 20 de noviembre de 2018

“EL CASCANUECES Y LOS CUATRO REINOS”. AÚN ES PRONTO PARA NAVIDAD.


La música y la cuentística tradicional son dos elementos clave en la obra de E.T.A. Hoffmann. Relatos como “La casa vacía”, “La Fermata”, “El Salón del rey Artús”, “El hombre de arena”, “Los maestros cantores” y, por supuesto, “El Cascanueces y el Rey de los Ratones” forman parte de nuestra tradición literaria de igual manera que las obras de Charles Perrault, Hans Christian Andersen o  los Hermanos Grimm. Este valor folcórico de sus relatos le convirtió también en el inspirador de grandes clásicos de la música como la ópera de “Los cuentos de Hoffmann” de Jacques Offenbach o “El Cascanueces” de  Pyotr Ilyich Tchaikovsky, siendo este ballet es una de las grandes obras representativas del periodo navideño, mucho antes de Frank Capra y su “¡Qué Bello es Vivir”. Es por ello normal que para su gran apuesta navideña para este 2018, Disney haya querido recuperar este gran clásico de la literatura y la música, como ya lo ha hecho en el pasado con otros iconos de la cuentística popular. Eso sí, como era de esperar, el resultado ha sido una adaptación a su manera. 
En el guion de Ashleigh Powell tenemos a Clara, tenemos al Cascanueces y tenemos al Rey de los Ratones, pero ahí acaban las similitudes con Hoffmann. Aprovechando la moda de fantasía heróica y de relatos de fantasía juvenil, y manteniendo el patrón de la versión de Tim Burton de “Alicia en el País de las Maravillas”, la película nos ofrece un relato donde impera el caracter aventurero y la construcción de un mundo fantástico y onírico. Desgraciadamente, Powell (guionista de excasa experiencia previa) no se despega de los patrones habituales y ofrece un relato bastante convencional y anodino, cargado, eso sí, de mucha lectura freudiana. 

La pobreza literaria del libreto parece querer ser compensada por otros valores de la producción. Hay que decir que en su apuesta por esta adaptación la Disney no ha reparado en gastos y todo en la cinta refleja lujo y hasta ostentación. La puesta en escena de Lasse Hallström y Joe Johnston (éste último responsable de los reshots finales ante los problemas de agenda del sueco) es meticulosa, elegante y preciosista. Eso sí, resulta llamativo que, pese a tratarse de dos cineastas con tendencias tan diferentes, no se advierta en la cinta ningún contraste entre las aportaciones de uno y del otro. El caracter puramente visual de la película queda refrendado por una exquisita e imaginativa dirección artística que nos retrotrae al pictoricismo de los libros de cuentos tradicionales, al mismo tiempo que el uso de cromas digitales potencia (no sabemos si intencionada o accidentalmente) el carácter irreal de los Cuatro Reinos. 

El reparto reúne a grandes nombres, aunque con resultado dispar. Sin duda, Mackenzie Foy es la gran atracción de la cinta. La actriz ilumina la película con inteligencia y candidez, mientras que tanto Helen Mirren como Morgan Freeman cumplen la cuota de veteranía aportando profesionalidad y presencia. El otro lado de la balanza lo encarnan Keira Knightley, demasiado excesiva para el papel de la Reina Dulce, y un Jayden Fowora-Knight (como Phillip, el Cascanueces) demasiado anodino, relegando al personaje supuestamente protagonista a una posición muy secundaria y totalmente olvidable. 

La música es, con diferencia, el aspecto más destacado de esta producción. La confluencia de Tchaikovsky, James Newton Howard, el piano de Lang Lang y la batuta de Gustavo Dudamel, tiene, como no podía ser de otra manera, un protagonismo decisivo en la película. Eso aporta al conjunto un carácter de cinta musical, pese a la ausencia de canciones (salvo el tema interpretado por Andrea y Matteo Bocelli) y la presencia puntual de secuencias de baile, aunque eso sí, recomendamos no levantarse durante los títulos de crédito finales. 

Si la Disney esperaba que esta producción fuera el evento de la temporada prenavideña, se ha equivocado de cabo a rabo. El resultado final es una cinta de presupuesto estratosférico (120 millones de dólares), con un gran despliegue visual, pero impacto modesto en la taquilla (a penas 117 millones de dólares). Aunque el conjunto sea elegante y se deje ver con agrado, ni la opulenta dirección artística, ni la labor esforzada de los dos directores logran aportar alguna secuencia memorable o mínimamente recordable por el espectador tras abandonar la sala. Eso sí, sus 100 minutos de metraje son de agradecer en esta época de duraciones hipertróficas.

lunes, 19 de noviembre de 2018

“MANDY”. LOS BOSQUES DE LA NOCHE


“¡Tigre! ¡Tigre!, ardiendo reluciente/ en los bosques de la noche, / ¿qué mano inmortal u ojo / pudo trazar tu terrible simetría? / ¿En qué lejanos abismos o cielos / ardió el fuego de tus ojos?” 
("El Tigre", William Blake, 1794)

No sabemos si será una conexión nuestra o si durante la producción de “Mandy”, Pan Cosmatos tomó como referencia la obra de William Blake, pero lo cierto es que, por alguna razón, el visionado de la película nos evocaba una y otra vez sus grabados iluminados o poemas como “El Tigre”. Emparentada también con la imaginería onírica y surrealista y la violencia descarnada de David Lynch (especialmente “Corazón Salvaje”, no por casualidad también protagonizada por Nicolas Cage, o “Carretera Perdida”) o, más recientemente, Nicolas Winding Refn (con títulos como “Sólo Dios Perdona” o “Neon Demon”), la cinta está cargada de un misticismo que nos retrotrae a la obra del artista inglés. 

Sería sencillo decir que estamos ante otra muestra del histrionismo legendario de Nicolas Cage, sin embargo, al contrario que otros trabajos suyos, aquí la delirante composición del actor está integrada en un conjunto de interpretaciones y en el marco de una historia llevados al límite e incluso podemos decir que es superado por un alucinado Linus Roache en el papel de Jeremiah Sand, el “charlesmansonesco” líder de la secta que se obsesiona con la Mandy del título (Andrea Riseborough); es más, durante la primera mitad de la película, Cage mantiene una posición bastante comedida, reservándose para la segunda mitad de película, donde ya sí despliega su exuberancia característica. 

En su base, “Mandy” es una historia de venganza, de un marido que emprende un camino de violencia para desagraviar la memoria de su esposa; sin embargo, Cosmatos no busca componer una cinta de género al uso, sino expandir sus ambiciones a estratos más filosóficos y artísticos. Para ello emplea referencias propias de la serie B más vulgar, con imágenes explícitas y provocadoras, con personajes alucinados y con una dirección artística que remite a aquellas películas de explotación surgidas en la década de los 80 tras el éxito de títulos como “Mad Max” y lo conjuga con unos diálogos ascéticos y crípticos y una puesta en escena esteticista y simbólica. 

En un principio, la cinta parece situarnos en un espacio próximo a nuestra realidad. Red (Cage) es leñador, Mandy trabaja en una tienda, ambos viven aislados en una casa en las montañas. Sin embargo, ya desde la aparición de los moteros del infierno, los límites con la realidad poco a poco se van diluyendo y nuestros protagonistas se van adentrando en una especie de entorno alucinógeno y postapocalíptico, de espacios ásperos, rocosos y estériles. En esto juega un papel determinante la psicodélica fotografía de Benjamin Loeb, con un constante juego cromático que, junto con la búsqueda de la simetría en el encuadre, define el tono y la estética de la película. 

Además del predominante valor de la imagen sobre la trama, “Mandy” se convierte también en una cinta abiertamente musical. Por un lado, se evidencia un gusto referencial del director por el heavy metal y el rock progresivo de los 70 y los 80 (por ejemplo, Mandy lleva una camiseta de Black Sabbath y los moteros del infierno parecen sacados de la portada de un disco de Iron Maiden); por otro, la omnipresente partitura de Jóhann Jóhannsson (último trabajo de este compositor islandés fallecido el pasado 9 de febrero) apuesta por sonidos estridentes y amenazadores, donde la percusión y las guitarras eléctricas tienen prioridad a la hora de generar un acompañamiento musical que proporciona a la narración también un cierto componente atávico y sobrenatural. 
    
Todo en “Mandy” apunta a la desproporción y la psicotronía, con una petulancia ostentosa y delirante, pero consigue generar en el espectador una fascinación hipnótica, no sólo con la fuerza plástica de sus imágenes, sino por ese viaje chamánico hacia los infiernos que emprende el personaje de Nicolas Cage. No es cine para todos los gustos y estómagos, pero al menos sí es un cine que se sale de los márgenes acostumbrados.

martes, 13 de noviembre de 2018

"BOHEMIAN RHAPSODY". SIEMPRE NOS QUEDARÁ LA MÚSICA.



¡OJO, CONTIENE SPOILERS!
Queen es, sin duda, leyenda de la música del siglo XX y la figura de Freddie Mercury, un verdadero icono del rock. Su canciones y su historia son ampliamente conocidas por sus seguidores y el anuncio, hace en torno a 10 años, de una película contando sus vivencias atrajo enseguida la atención del público. Diferentes directores y artistas pasaron por el proyecto antes de que se hiciera realidad. Los que estuvieron más cerca de llevarlo a cabo antes de la llegada de Bryan Singer y Rami Malek fueron Stephen Frears y Sacha Baron Cohen. Sí, el humorista, que por aquel entonces era famoso gracias a la película “Borat”, fue durante una temporada la apuesta fuerte para encarnar Mercury. Finalmente, su visión del proyecto no recibió la aprobación de Brian May y Roger Taylor, particularmente por la forma cruda y explícita en que querían tratar en pantalla la vida privada de Freddie Mercury. La elección de Singer tampoco estuvo libre de polémicas. Los problemas legales del cineasta, el miedo a que el caso de Kevin Spacey pudiera destapar nuevas acusaciones de abuso sexual hacia el director y las continuas ausencias del set propiciaron que el estudio le despidiera cuando aún quedaba rodaje por delante. Su sustituto fue Dexter Fletcher, más conocido por su faceta de actor y quien posteriormente ha pasado también a dirigir “Rocketman”, el biopic de Elton John.

Bohemian Rhapsody” abarca el periodo histórico desde que Mercury conoce a Roger Taylor y Brian May, siendo estos aún miembros de la banda Smile, y cómo tras la partida del cantante Tim Staffell los tres se animaron a crear Queen, hasta el triunfal éxito obtenido con su actuación en el Live Aid de 1985. La cinta trata también la importante relación del cantante con Mary Austin, su salida del armario, su intento de carrera en solitario, su promiscua vida sexual, su relación con las drogas y el descubrimiento de que era seropositivo, todo esto acompañado por una extensísima selección de temas musicales del grupo. El nivel de guiños y huevos de pascua dirigidos a los connoisseur de la mítica de Queen y la música rock de la época es extensísimo, aunque se echa de menos más cameos de otros artistas de la época, especialmente David Bowie (la ausencia de Montserrat Caballé queda justificada por ser posterior al margen temporal que aborda la película). En este sentido, la cinta se convierte en una montaña rusa de emociones, pensada para arrastrar al espectador durante dos horas y veinte minutos, sin que sienta el peso del metraje y salga de la sala con los pelos de punta y lágrimas en los ojos. Si eres amante de la música de Queen (¿alguien no?) resulta extremadamente difícil mantenerte en la butaca sentado y no aplaudir al final. Pero seamos sinceros, esto se debe más a la música que a las cualidades cinematográficas de la película (en nuestra opinión, bastante deficientes y espinosas).

En el apartado interpretativo destaca principalmente la espectacular labor de Rami Malek mimetizando y dramatizando al personaje de Freddie Mercury, pero en general no podemos poner pegas al reparto. No sólo no hay ni una interpretación que chirríe en el conjunto, sino que además, el parecido físico entre los actores y sus referentes es casi sobrenatural (Gwilym Lee es casi indistinguible del verdadero Brian May, delatándose únicamente cuando toca la guitarra). En esto ayuda muchísimo la labor de vestuario. La fortuna de llevar a la pantalla a un grupo como Queen es que la documentación audiovisual es extensísima, lo que ayuda a recrear mejor indumentarias, pero también la forma de hablar, cantar y moverse de los personajes. El aspecto negativo aquí lo ponen las pelucas y protésicos, que rompen la apariencia de verosimilitud de la imagen. La dirección de Singer/Fletcher es correcta, con algunos momentos notables y lo suficientemente enfática como para subrayar aquellos componentes dramáticos que van a tener importancia y prolongación en la película (por ejemplo, la relación del protagonista con su padre); sin embargo, en ningún momento, la puesta en escena logra destacar más allá de su valor mimético, cayendo bastante a menudo en el regodeo melodramático (como por ejemplo su vergonzoso y manipulador uso del tema “Who Wants to Live Forever” en un momento determinado de la película; un tema, por otro lado, cuya autoría se sale del marco temporal que abarca la película).

Al igual que cualquier película histórica o basada en hechos reales, todo biopic requiere de cierta ficcionalización de personajes y situaciones. La vida real no sigue una estructura clásica de guion cinematográfico, de ahí que algunas cosas deban alterarse o perfilarse para ajustarse a las necesidades del relato cinematográfico. Hasta ahí, todo correcto y asumido. Pero, ¿qué sucede cuando los autores de una película deciden reinterpretar la historia para amoldarla a su discurso? A los conocedores de la cronología de Queen le chirriará el desorden temporal en la introducción de las canciones. Algunas de manera arbitraria, otras para intentar dar una relación dramática entre un acontecimiento y la temática de la letra. El guion de Anthony McCarten (con participación en el desarrollo del argumento de Peter Morgan) busca crear un arco argumental de superación personal, éxito, caída en desgracia y redención con el que darle al espectador un patrón dramático que pueda identificar y que le suponga emocionante y excitante, aunque, por otro lado, la cinta ignora por completo al resto de la banda. La información que recibimos de Brian May, Roger Taylor y John Deacon es totalmente anecdótica y subordinada por completo a la estela de Mercury.

El primer problema de esto es la manera en la que se tergiversa la historia real para meter con calzador los clichés dramáticos con los que emocionar al espectador. Por ejemplo, Queen no se disolvió por el interés de Mercury de emprender una carrera en solitario, simplemente se tomaron un tiempo para poder desarrollar todos proyectos en solitario (Roger Taylor sacó dos discos en solitario, en 1981 y 1984, y Brian May hizo también sus pinitos por su cuenta con Star Fleet Project en 1983); por otro lado, se anticipa el diagnóstico de la enfermedad a 1985, para hacerlo coincidir con la reunión del grupo y el éxito del Live Aid, añadiendo un empuje emocional a todo el clímax final, cuando en realidad, Mercury no supo de su enfermedad hasta 1987. Cerrar la trama en este concierto es también un recurso forzado, máxime cuando a la banda aún le quedaban por publicar otros tres álbumes tan importantes como “A Kind of Magic” (1986), “The Miracle” (1989) e “Innuendo” (1991). Precisamente toda la elaboración de este último disco, con un Freddie Mercury al borde de sus fuerzas y dispuesto a despedirse por todo lo alto, suponía un clímax dramático extraordinario y que queda aquí totalmente ignorado. En su lugar, se ha preferido hacer una reproducción prácticamente íntegra de su participación en el concierto del Live Aid, sin duda, la mejor parte de toda la película y un cierre espectacular, pero, una vez más, gracias al peso de la música, no por sus valores cinematográficos (desafortunado ese efecto pantalla que genera el croma con las imágenes desde el escenario del estadio y el público.).

Como decíamos antes, la alteración de los hechos reales, la cronología o el disfraz de algunas situaciones es terreno común y asumido de los biopics, pero, en nuestra opinión, aquí esto provoca lecturas más espinosas y desafortunadas. En primer lugar, la cinta da muchísimo valor a la relación entre Mercury y Mary Austin (justificado, ella fue sin duda una figura fundamental en su vida y hasta ahora esto no se había reivindicado lo suficiente) y al mismo tiempo se pasa muy de puntillas por sus relaciones homosexuales, tocando de manera colateral sus famosas orgías o su consumo de drogas y más de manera implícita que explícita. El regreso a la familia (Queen, la reconciliación con su padre y el regreso de Mary a su vida) junto con el inicio de una relación estable (homosexual, pero estable) con Jim Hutton abre las puertas a la redención del personaje. Al mismo tiempo, anticipar el diagnóstico de la enfermedad le da a la cinta un carácter moralista conservador, devolviendo al SIDA a ese peligroso puesto que creíamos ya superado de castigo divino a los homosexuales por su pecaminosa forma de vida (sorprende que este mensaje forme parte de una película de Bryan Singer).

Encontramos en la película también un peligroso carácter revanchista. En algunos casos, a modo de puya sarcástica, como en el caso de Tim Staffell (quien llevado por su ambición dejó en la estacada a May y Taylor y que posteriormente no llegó a nada frente al éxito de Queen) o Ray Foster (personaje ficticio en el que se resumen todos esos ejecutivos que no creyeron en la banda en sus orígenes, eso sí, con un espléndido Mike Myers haciendo un guiño maravilloso a su película “Wayne's World”), pero en el caso de Paul Prenter (quien falleció en 1991, por lo que no puede defenderse de la imagen que da la película de él), los guionistas encuentran al villano perfecto para la película: es él quien saca a Mercury de Queen y quien le introduce en un mundo sórdido de orgías, drogas y prostitución. No vamos a convertirnos aquí en defensores de Prenter, quien además, jugó un rol muy vengativo al sacar a la luz la vida privada del cantante; sin embargo, en la película se convierte en el cabeza de turco para poder exculpar a Mercury del estilo de vida que llevó entre finales de los 70 y el primer lustro de los 80. Éste pasa así de ser protagonista de la película a un elemento pasivo que se deja llevar por un pérfido maestro de marionetas que le enfrenta con todos los pilares positivos de su vida y, por ende, responsable último de que contraiga el SIDA.

Bohemian Rhapsody” es una película muy disfrutable si lo que queremos es conmemorar la música de Queen. Tiene también otros valores muy positivos, como la interpretación de Rami Malek, y como viaje emotivo lleva al espectador allí a donde quiere, pero las herramientas que emplea para ello no nos parecen honestas y, en nuestra opinión, queda lejos de ser la película que esperábamos sobre la banda de rock o sobre Freddie Mercury. Afortunadamente, siempre nos quedará la música.

jueves, 8 de noviembre de 2018

“LA NOCHE DE HALLOWEEN”. MÁSCARA Y CUCHILLO


Cuando John Carpenter estrenó “La Noche de Halloween” en 1978, ya conocíamos a Norman Bates y a Leatherface, sin embargo, la creación de Michael Myers supuso el nacimiento oficial del slasher estadounidense. La cinta estableció las características básicas que luego definirían títulos como “Viernes 13”, “Pesadilla en Elm Street” o “Scream”: El asesino enmascarado, adolescentes iniciándose en el sexo, el uso de armas blancas (con simbología freudiana) y el eterno regreso del criminal. A excepción de la estimable “Sanguinario” (primera secuela, todavía con Carpenter vinculado a la franquicia), las ansias de explotar al personaje dio como resultado un conjunto de continuaciones a cada cual más nefasta que la anterior. Para celebrar el 30 aniversario de la película, Rob Zombie llevó a cabo su propia reinterpretación de la cinta original, sin embargo, el fracaso comercial de su (espléndida) secuela frenó esta nueva reencarnación de Michael Myers. Ahora, con motivo del 40 aniversario, la productora Blumhouse se embarcó en un proyecto nostálgico y revisionista. De nuevo con Carpenter (en calidad de productor y compositor) y recuperando a Jamie Lee Curtis como Laurie (y a Nick Castle como La Forma). Hasta ahora vinculado principalmente con la comedia, David Gordon Green se ha encargado de escribir (junto con otro cómico, Danny McBride) y dirigir esta secuela/reinicio que elimina de un plumazo todas las secuelas de la saga y toma únicamente en consideración los acontecimientos de la primera entrega. El resultado es una cinta plenamente respetuosa con la original, a la que llega incluso a replicar con algunos guiños de homenaje, con un tono crudo y nada complaciente, y un enfrentamiento ¿decisivo? entre asesino y víctima que juega a invertir los roles del gato y el ratón. La partitura de John Carpenter, ayudado por su hijo Cody y Daniel Davies devuelve esencia sonora a la película y la fotografía de Michael Simmonds remite al trabajo de Dean Cundey en la primera entrega y “Sanguinario”. La única transgresión de está en la una puesta en escena, donde Green prescinde del maravilloso uso del panorámico de Carpenter por una narrativa más actual, con cámara en mano y montaje picado. Aun así, ofrece algunos momentos muy inspirados, como la secuencia de la gasolinera, el primer crimen de Michael tras llegar a Haddonfield y todo el clímax final, verdaderamente emocionante. Los buenos resultados en taquilla y la máxima del género de que el asesino siempre regresa de la tumba auguran más noches de Halloween en el futuro. De momento, esta resurrección ha resultado satisfactoria. Habrá que ver que nos depara el futuro.     
     

jueves, 25 de octubre de 2018

“LA CUEVA DE LAS MUJERES”. EL MAL.


A lo largo de la historia de la humanidad, la palabra “bruja” (o cualquiera de sus análogas) ha traído consigo connotaciones negativas. La superstición, el miedo a lo sobrenatural, al otro, a la conexión íntima con la naturaleza, a un sentido de la sexualidad liberado de los corsés patriarcales, a afrontar aspectos de nuestra naturaleza vetados por la religión o la sociedad llevaron a nuestros ancestros a construir una imagen de un determinado tipo de mujer como peligrosa, malvada, perversa, satánica, tentadora. Al igual que ha sucedido con otro concepto más moderno, pero emparentado, como es la Femme Fatale, el desarrollo de las teorías feministas ha ayudado a dar la vuelta a la tortilla, cogiendo este concepto de origen patriarcal y reinterpretándolo en clave de liberación de la mujer.
Desde su plataforma del Proyecto Bentejuí, la obra de Armando Ravelo ha querido adentrarse en terrenos reivindicativos ya sea del patrimonio aborigen prehispánico del archipiélago canario, como de la figura de la mujer en nuestra sociedad. En la filmografía de este cineasta hemos encontrado un afán historicista (aunque no necesariamente defendiendo la versión oficial de la historia, pero sí apoyándose en profusa documentación), así como una preferencia por dar la voz principal a los personajes femeninos, mujeres de carácter fuerte, rebeldes, cuya propia personalidad le genera una confrontación social. Para su nuevo cortometraje, “La Cueva de las Mujeres”, Ravelo ha querido dar un salto en el tiempo, situándonos no en la Canarias prehispánica, sino en plena dictadura franquista, sin embargo, pese a ello, algunos de los principales elementos definitorios de su cine anterior permanecen aquí presentes.
Como en sus obras anteriores, Ravelo se ha preocupado en dotar a la película (dentro de la modestía de medios disponibles) de una dirección de arte que refleje la época en la que tiene lugar la historia. Si en títulos como “Ansite” o “Mah”, se hizo un esfuerzo por emplear un acercamiento a la lengua aborigen; aquí, se hace una notable labor lingüística para que los diálogos respeten la idiosincrasia léxica y fonética del habla canaria. La tradición, más aún, la defensa de una tradición prohibida por una figura colonizadora y jerarquizadora (los españoles frente a los canarios, el hombre frente a la mujer, la sociedad moderna frente al legado ancestral), juega aquí un rol fundamental. La vinculación atávica de la mujer con la naturaleza, ese mundo esotérico de curanderas, rezadoras, que viene de antiguo y se ha traspasado generación tras generación, oculto a plena luz, se convierte aquí en una herramienta anticolonial, distinguidora de los verdaderos herederos de la cultura aborigen de aquellos con raíces peninsulares y cuyo propósito es erradicar toda muestra de cultura o folclore isleño. Que este legado sea conservado principalmente por mujeres supone una doble transgresión. El personaje de Sagrario, casada con un guardia civil, debe afrontar una doble discriminación y desprecio como mujer y canaria por parte de su marido. El maltrato físico y psicológico al que se ve sometida y el modo en que éste es disculpado y aceptado por la sociedad añade otra capa de denuncia al cortometraje.

Estos elementos temáticos y pedagógicos dentro de la película no están reñidos con un trabajo narrativo moderno y atractivo para el público. La cinta abre con un prólogo luminoso, donde el espectador respira y se deja llevar por un atractivo componente paisajístico. Afortunadamente, después de esto, Ravelo deposita la cámara a ras del suelo (no lo decimos por este cineasta, pero ¡cómo han vulgarizado los drones el uso de planos cenitales o aéreos!). A partir de ahí, la puesta en escena cambia y de los grandes planos generales pasamos a un uso claustrofóbico y asfixiante de los planos cortos. La luz desaparece y se imponen las escenas nocturnas. La narrativa de Ravelo se vuelve inquietante y siniestra. El director juega con los patrones del cine de terror y el suspense para generar una atmósfera angustiosa. Crea una imaginería turbadora e intrigante, aunque en todo momento el componente sobrenatural queda en un segundo plano y sin llegar a tomar forma evidente. Si bien, como decíamos antes, hay un valor pedagógico e historicista, no es la intención del director convertir el corto en un catálogo de rituales ancestrales, sino que juega también con la sugerencia y la elipsis. En “La Cueva de las Mujeres”, el mal no surge de cuestiones mágicas o demoníacas, sino que el discurso de Ravelo apunta más a un retrato humano.
En esto último juega un papel determinante el trabajo de los actores. Después de “La Tribu de las Siete Islas”, el anterior trabajo de Armando Ravelo y su primer largometraje, Sigrid Ojel vuelve a defender a un personaje enfrentado con la sociedad, alguien de una personalidad poderosa que, por su propia naturaleza, es identificado como una amenaza al status quo, escondiendo su propio carácter para no desatar la violencia. Ojel cuenta con una espléndida presencia en pantalla y con una poderosa mirada que viste la condición rebelde de su personaje e hipnotiza al espectador. Romina Vives como Doña Brígida o Paula Garó como Catalina, aportan también un excelente valor interpretativo (en el caso de la primera, apoyado además por un cuidado trabajo de caracterización que da al personaje una inquietante presencia en pantalla). Si bien, como decíamos antes, el cineasta no ahonda en los rituales, el peso que da a su presencia como guardianas de la tradición y el componente misterioso que las acompaña ayuda a crear un retrato vivo y complejo. Por el contrario, sí encontramos un perfil más maníqueo en lo que se refiere al bando colonialista y franquista de los personajes. Elena, la señora de clase alta interpretada por Amanda Fuentes, nos parece un personaje desdibujado. Su participación en la historia es puntual (aunque desencadenante) y le falta continuidad. Sirve para provocar el discurso que diferencia la brujería de la península con la de Canarias, pero carece del retrato más honesto que sí hace Ravelo de las otras mujeres. A esto no ayuda tampoco la labor de Fuentes, que resulta impostada y empalagosa. Lo mismo podemos decir del papel de Toni Báez. Su rol como marido y representante de la autoridad del pueblo se decanta por un retrato más bidimensional, maníqueo y romo. Mientras que los personajes de las brujas cuentan con más aristas y trasfondo, el personaje de Miguel parece más un villano de opereta. Es cierto de que hablamos de un cortometraje que por su duración se sitúa en el límete de lo actualmente aceptado dentro de este formato, pero, en nuestra opinión, un mayor desarrollo de este personaje hubiese redundado en un crecimiento de los roles femeninos. Sin embargo, afortunadamente, aquí el actor sabe defender muy bien su papel y equilibra la balanza, supliendo las carencias con las que contaba en personaje sobre el papel. En lo referente al resto del reparto masculino (Alejandro Rod y Abián de la Cruz) nos resulta menos atractivo, en parte por contar con roles también poco desarrollados, y en parte por no ser capaces los actores de aportar la verosimilitud necesaria con sus interpretaciones. 
Pese a estas últimas consideración, “La Cueva de las Mujeres” resulta un trabajo consecuente y notable por parte de Armando Ravelo, quien logra aquí distanciarse de sus títulos anteriores sin perder su identidad y manteniendo una coherencia temática y estilística encomiable.  

jueves, 28 de diciembre de 2017

BIENVENIDO, MR. DISNEY

Tenía que suceder. Tras el crecimiento desproporcionado de The Walt Disney Company con la adquisición de Marvel, Lucasfilm y 21st Century Fox, la multinacional del entretenimiento ha encontrado su siguiente objetivo en su plan para aglutinar el mayor emporio del entretenimiento mundial. Según anuncio conjunto entre la compañía y el Gobierno de Canarias, a partir de ahora la industria audiovisual del archipiélago pasará a ser una nueva filial del Tío Walt. En los proyectos de la empresa está convertir el Loro Parque en un nuevo parque de Disneyland y la playa de Las Canteras en el nuevo emplazamiento del Disney Beach Club Resort. Las islas se beneficiarán de todo un nuevo plan de producción cinematográfico, donde la Disney tiene previsto aprovechar la cantera de artistas del archipiélago para dar nueva vida a sus producciones internacionales con el talento canario. De cara a dar la correcta promoción a todos sus nuevos proyectos, Disney ha adquirido también la revista Alisios, nombrado como jefe de comunicación para su delegación canaria a Attua Alegre Páiz. A partir de ahora, Alisios actuará como BOD (Boletín Oficial de Disney).

Con la nueva adquisición, los personajes del cine canario pasarán ahora a formar parte también del universo Disney, por lo que ya se han iniciado los pasos para incorporar a la nueva entrega de Los Vengadores al protagonista de “Redemption”. Juan José Ramallo unirá fuerzas con los actores Robert Downey Jr, Chris Evans, Chris Hemsworth o Scarlett Johansson y ya se está planificando una precuela con los orígenes del personaje. Vasni Ramos, que iba a dirigir esta nueva entrega, ha sido sustituido por Ron Howard después de que el éxito de “Apocalypsis Vodoo” motivara a Disney a dar luz verde a un nuevo franquiciado de los detectives Paul Kersey y White Chocolate, que a partir de ahora estará protagonizada por Tom Cruise y Leonardo DiCaprio.
Tras las reacciones a la última entrega de “Star Wars” y con los problemas que está dando el spin of de Han Solo, Lucasfilm ha pasado a entregar el desarrollo de la franquicia a Fuerza Imperial de Tenerife, sin duda mucho más veteranos y conocedores del funcionamiento del universo galáctico que J.J. Abrams,  Ryan Johnson o Gareth Edwards. Se aprovechará la variedad de localizaciones que aportan las islas para recrear en ellas los diferentes planetas y civilizaciones que conforman la saga. Masplomas será Tatooine, La Esperanza Dagobah, Las Palmas Coruscant, Timafaya Mustafar y la Plaza de Toros de Santa Cruz será el nuevo emplazamiento del circo de Geonosis. El presidente de Fuerza Imperial de Tenerife, Rafael Rodríguez, ha comentado que su plan es empezar por ahí y poco a poco ir apropiándose también de la franquicia de Marvel. La partitura musical de esta nueva andadura de “Star Wars” correrá a cargo de Diego Navarro y se grabará en el Auditorio de Tenerife con la OST. Navarro no se siente en absoluto abrumado ante la responsabilidad de sustituir a John Williams. “La partitura la empecé a componer hace más de 30 años, cuando iba de camino al Colegio Alemán. La tengo ya toda planificada en mi cabeza”.
La fantasía épica tendrá también cabida en el nuevo catálogo de producción. Dispuestos a quitarse la espina clavada después de que la franquicia de “Las Crónicas de Narnia” quedara interrumpida, la factoría Disney ha decidido apostar por un proyecto original de temática fantástica, “Ánima” de Cándido Pérez de Armas. Tras comprobar los valores del universo creado con “Minaa”, el estudio pondrá todo su esfuerzo para que la visión del cineasta quede reflejada de manera colosal y épica. Anatael Pérez será el responsable de la dirección artística de la película y tienen libertad absoluta para utilizar cualquier personaje del catálogo Disney. “Es como dirigir mi película Lego en imagen real”, ha dicho Pérez de Armas.
El cine de acción tendrá también su representación con un proyecto a través del cual Disney  pretende, además, recuperar su tradición de películas con vehículos parlantes. Así “Tranvía en Blanco” nos presenta una variante de la película “Speed”, en la que, durante la celebración de La Noche en Blanco, un terrorista (al que dará vida Tana González) coloca una bomba en el Tranvía amenazando con hacerla explosionar si el vehículo reduce su velocidad. Alicia Rodríguez le pondrá la voz al tranvía, mientras que Darío López será el heroico conductor. Rodríguez comentó que el proyecto es todo un reto y que nunca pensó que se contaría con ella para un proyecto tan original. Entre los dos se generará además una relación romántica imposible. El director inicialmente previsto era Víctor González Outon, pero cuando éste anunció que quería introducir una secuencia de mecafilia entre los dos protagonistas, los directivos de la Disney dieron marcha atrás y han asignado el proyecto a los hermanos Russo.
El Canal Disney se nutrirá también de producciones canarias. Concretamente, la webserie “Mambo” tendrá continuidad dentro de la plataforma televisiva de la compañía, aunque con ligeros cambios. David Sáinz y Aarón Gómez seguirán siendo sus protagonistas, en los roles de los primos Mambo que buscan triunfar en el mundo de la música, pero ahora el enfoque será más cercano a otros títulos del canal, como “iCarly”. De hecho, para esta nueva etapa, en lugar de cameos de youtubers o influencers españoles, se contará con la participación de estrellas juveniles como Zendaya, Peyton List, Cameron Boyce o Isaak Presley. Además se está pensando en versiones animadas de los personajes para que hagan cameos musicales en “La Casa de Mickey Mouse”, “PJ Masks” o “Las Aventuras de Ladybug”.
La asociación SAVE ha aprovechado también para firmar un acuerdo con Disney para desplazar toda la producción animada del estudio a Canarias. El primer proyecto de animación que se va a desarrollar íntegramente en las islas será una versión animada de “La Tribu de las 7 Islas” de Armando Ravelo. Tras el éxito de “Coco”, Disney-Pixar quiere seguir la estela de películas que traten elementos folclóricos y la propuesta de Ravelo sobre las figuras mitológicas aborígenes les aporta el componente de aventuras, humor y tradición que estaban buscando.  
Tras “El Libro de la Selva”, “La Bella y La Bestia” o la inminente “El Rey León”, Disney busca continuar con sus adaptaciones de sus clásicos animados a imagen real también en la nueva delegación canaria. El siguiente personaje en pasar a imagen real será Pinocho y el director escogido para este proyecto ha sido Daniel León Lacave, quien ya ha anunciado que el título será “El Muñeco Roto”. La nueva versión tendrá una mirada de denuncia social, donde el joven Pinocho es un niño de madera obligado a trabajar primero para el empresario circense Strómboli y luego explotado como mano de obra en La Isla de los Juegos. Víctor León será Pinocho, Lamberto Guerra interpretará a Geppetto, Borja Texeira a Strómboli y Penélope Acín al Hada Azul. Jonay Armas será el encargado de preparar la nueva versión de la canción “When You Wish Upon a Star”.
También está en proyecto una nueva versión de “Toy Story”, para la que se ha anunciado a la pareja formada por Álex Medina y Basilio Hernández para los papeles de Woody y Buzz Lightyear. Al parecer este anuncio no ha sentado muy bien a los futuros actores y es probable que acaben renunciando al proyecto. Según Basilio Hernández, desde que se hizo pública la noticia sus vidas han sido un infierno, con multitud de personas haciendo cola en las puertas de sus casas día y noche esperando para sacarse fotos con ellos.  
A estas alturas y con todos estos proyectos en marcha, sólo hay una cosa que preocupa a la compañía y son las críticas de Norberto Trujillo en su “Faquer Reviews”. Dispuestos a desacreditar su imagen, crearon un programa adverso al que denominaron “Norber Reviews”. La finalidad era dar malas críticas de los trabajos de Trujillo como actor. Para su desgracia, el proyecto fue puesto en marcha en plena temporada de festivales cine express y acabaron desbordados ante tanto cortometraje, por lo que la plataforma tuvo que ser clausurada antes de iniciar su campaña.  
¡FELIZ DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES A TODOS!