lunes, 23 de marzo de 2015

“EX MACHINA”/“CHAPPIE”. MÁS HUMANOS QUE LOS HUMANOS

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A finales de los 70, principios de los 80 del pasado siglo, uno de los temas clave del género fantástico fue el concepto de humanidad, motivado por la explosión de la tecnología, la robótica y la informática, a la vez que la muerte de las utopías sociales dejaban paso al capitalismo feroz y una visión alienada de la sociedad. El mundo occidental necesitaba redefinir sus valores y el carácter metafórico del cine de género ayudó a reflejar las dudas, miedos y anhelos próximos al cambio de siglo. Una de las cintas que más y mejor ejemplificaron esto fue “Blade Runner”. En ella, Ridley Scott debatía sobre los sentimientos como frontera final entre los humanos y las máquinas, adelantándose a un concepto hoy en día más en boga, la inteligencia emocional. Curiosamente, ahora que se acaba de reestrenar la película, esa confrontación entre inteligencia artificial e inteligencia emocional (representada entonces por la dicotomía entre los personajes de Rick Deckard y Roy Batty) vuelve a tener especial relevancia en dos estrenos recientes, “Ex Machina” de Alex Garland y “Chappie” de Neill Blomkamp.

“EX MACHINA”. VOIGHT-KAMPFF

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Alex Garland ha demostrado ser un gran amante de la ciencia ficción y, especialmente, del valor especulativo y reflexivo de ésta a la hora de representar nuestra sociedad y hablar de la naturaleza del ser humano y su evolución. El uso de los patrones de género como subterfugio para ahondar en temas más intimistas y próximos no es nuevo, como tampoco lo es poner la mirada en un futuro (próximo o lejano) para denunciar aspectos actuales y/o universales. Precisamente no es difícil rememorar “Blade Runner” durante el visionado de “Ex Machina”. La representación del ser humano con síndrome de Dios ante la creación de vida artificial (identificado en la figura de Nathan/Oscar Issac), las crisis de identidad que surgen al borrarse las fronteras entre lo artificial y lo orgánico (Caleb/Domhnall Gleeson), o la necesidad emocional del nuevo ser (Ava/Alicia Vikander) apunta directamente a algunas de las secuencias clave de la película de Ridley Scott. Es más, la excusa argumental de la película (los encuentros entre los personajes de Caleb y Ava para poner a prueba las reacciones emocionales de ésta) no es otra cosa que una extensión del test VOIGHT-KAMPFF que Deckard realizara a Rachel 33 años atrás. Incluso, sin llegar a extremos tan evidentes como los que podíamos encontrar en “Blade Runner”, no es descabellado tampoco apuntar patrones de cine negro al guion de “Ex Machina”, aunque alejada de los claroscuros marcados por el género en la década de los 40 y 50 y apostando por una estética postmoderna, aséptica y fría. ¿Acaso el lado oscuro e inquietante, y al mismo tiempo atractivo y carismático, de Nathan no corresponde con la representación que el cine ha propiciado de la figura del gangster?, ¿no es Caleb ese detective naif y honesto, con aspiraciones de caballero andante, que se ve tentado por unos personajes que buscan sacar provecho de él?, ¿es Ava una dama en desgracia o una femme fatale que no duda en utilizar su sensualidad o su apariencia dulce e inocente para manipular a los hombres?

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Garland arma todas estas referencias como si fuera una obra de cámara, pensada para pocos personajes, en un espacio reducido, aislado, y donde se evita la proliferación de subtramas que distraigan del argumento principal. La puesta en escena del director novel tampoco quiere despistar al espectador. Se trata de una narrativa sobria y estilizada, centrada en los tres protagonistas y los ambientes, pero evitando virtuosismos expresivos que lleven al público a fijarse más en los movimientos de la cámara que en las acciones de los personajes. Tampoco se pretende abusar de los efectos especiales, que los hay, pero están minimizados a lo puramente necesario para dar prestancia tecnológica y futurista a la estética de la película. En realidad, puestos a hablar de un verdadero hallazgo de efectos visuales, éste responde al nombre de Alicia Vikander, quien con su interpretación consigue apuntar diferentes capas de lectura a su personaje, manteniéndolo en esa fina línea que separa la interpretación afectada y mecánica del naturalismo. Resulta también fascinante ver la interrelación de los personajes masculinos (entre la admiración y el recelo, la amistad y la confrontación) y cómo esto queda reflejado en el excelente trabajo de los actores, todos conscientes del peso que recae sobre sus hombros en la película, fundamental para que la propuesta de Garland fructifique y llegue a buen puerto.

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“Ex Machina” es una cinta pausada y cerebral, desaconsejable para quien vaya a la sala en busca de un divertimento meramente recreativo. La cinta requiere del espectador interacción y que salga de su zona de confort, que asimile la jerga tecnológica y que escudriñe el valor metafórico de la trama. Es cierto que Garland no saca total rendimiento de su propuesta y que como toda opera prima, la película es víctima de la inexperiencia del cineasta, sin embargo, pese a eso, sigue siendo una de las propuestas más sugestivas que tenemos actualmente en cartelera.

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“CHAPPIE”. CHAPA Y PINTURA

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Pese a la faceta comercial de su cine, la filmografía de Neill Blomkamp no evita dejar constancia de su propósito de reflexión social e incluso política. “Chappie” comparte con su opera prima, “District 9”, su ambientación en los guetos de Johannesburgo para representar una estructura social descompensada en un entorno de superpoblación, donde los altos índices de pobreza concuerdan con la proliferación de la delincuencia y la violencia en las calles (un entorno que en su segunda película, “Elysium”, quedaba ubicado en las localizaciones de Ciudad de México). Ante la falta de medidas sociales que la solventen, se busca coartar esta situación con brutalidad policial y medidas neoliberales (con una clara lectura anticorporativista). Como en sus películas anteriores, la respuesta a este entorno viene dada por parte de un protagonista que rompe con el status quo impuesto y se acaba estableciendo como estandarte hacia un cambio social. En este caso, ese héroe accidental es un robot dotado de inteligencia artificial, cuyo bagaje emocional reseteado le libera del peso de la violencia y el odio que ha cerrado las puertas del entendimiento entre ambos bandos; un ser inocente como un niño, pero en cuya naturaleza única y revolucionaria se encuentra la promesa de un mundo mejor.

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Nacido en 1979, Neill Blomkamp creció bebiendo de toda la cultura de los 80, la explosión de la tecnología, el ciberpunk, los videojuegos, los comics, la irrupción del manga y el anime en occidente y la influencia de cineastas como Steven Spielberg, Paul Verhoeven, George Miller, o autores como Frank Miller. “Chappie” busca ser también un homenaje a todo ese bagaje, proponiendo una fusión del tono naïf del cine juvenil post Spielberg (en este caso especialmente la cinta de John Badham de 1986, “Cortocircuito”) y el estilo ultraviolento y apocalíptico de títulos como “Robocop” y “Mad Max”. No podemos negar que a nivel de estética y popurrí de referencias, la cinta despierta en el espectador iniciado cierto interés, a lo que la pirotecnia visual de Blomkamp tampoco es ajena. En este sentido, “Chappie” es una película sensorial, que entra por los ojos, y donde destacan las aparatosas y vibrantes secuencias de acción. Desgraciadamente, estos dos elementos (la nostalgia y el despliegue visual) es lo único a lo que puede agarrarse la audiencia. El guion escrito por el propio Blomkampf y Terri Tatchell (colaboradora habitual del cineasta y su esposa en la vida real) es de una torpeza supina. La trama va perdiendo coherencia a medida que avanza, la descripción de personajes es monocromática y los diálogos son de vergüenza ajena.

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El supuesto mensaje antiviolencia de la cinta choca con la puesta en escena del director que se recrea en ella. Podemos aplaudir el trabajo de efectos especiales para crear a Chappie, pero eso no quita para que éste sea un personaje infantiloide y grotesco que no ayuda a que el espectador empatice con él. Tampoco ayuda que Blomkampf haya escogido para protagonizar la película a actores noveles como los miembros de la banda de electro rap-rave Die Antwoord, Ninja y Yo-Landi Vi$$er (cuyos personajes mantiene además estos nombres artísticos), mientras que Dev Patel (muy lejano de su descubrimiento en “Slumdog Millionaire”) tampoco da la talla en su papel de joven genio de la informática. Los únicos en cubrir el expediente en el apartado interpretativo son Hugh Jackman y Sigourney Weaver, pero más por oficio y porque sus personajes son más secundarios, que porque realmente contaran con material de interés para hacer su trabajo.

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Al final, “Chappie” resulta una cinta demasiado pueril e insustancial para el espectador adulto, pero con secuencias demasiado violentas y un tono muy oscuro y amenazador para el público infantil. Esperemos que para su proyecto de “Alien 5” Blomkampf se esfuerce más, porque esta “Chappie” supone un nuevo descenso en su carrera tras la fallida “Elysium”.

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